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  ENTREVISTA
 
 
Hannia Novell
 
 
 
 

EFC Dicen por ahí que una de las cosas hermosas del oficio del periodista es que una mañana puedes almorzar con el presidente de una nación, en la tarde entrevistas a un preso que cumple una larga condena y comes con él en el patio de un reclusorio y por la noche cenas con un intelectual, ¿eso hace que tu paladar sea más abierto?

HN Yo creo que uno se vuelve menos delicado… y respetas y valoras lo que te ofrecen y compartes y todo se vuelve una buena mesa. Entonces, sí te haces de un amplio criterio, además de muy tolerante y también muy resistente. Te digo, comemos piedras.

EFC Para no alejarte de tu oficio de periodista, a ver dime qué periodistas de la nueva generación comen bien, …

HN Yo creo que de mi generación, mis compañeros, mis colegas, mis amigos, Sergio Bique es un comedor, viajero, degustador, sibarita; Jaime Guerrero se da un tiempo para sentarse. A mi amigo Javier Alatorre, me parece que le encanta sentarse a una buena mesa con amigos y disfrutar de una buena comida o por lo menos de una buena sazón. También sucede algo similar con mi cuate Carlos Loret de Mola, porque además habla mucho del pok chuk, de la cocina yucateca, de los panuchos, se ve que todo esto le entra con gusto.

EFC Has estado en conflictos bélicos como el de Irak… ¿qué pasa ahí con la comida, con el agua, cómo puedes restringir el paladar y decir, bueno aquí simplemente hay que sobrevivir?

HN Creo que también existe la cocina de la guerra, la cocina del conflicto bélico, la cocina de los refugiados, la cocina de las víctimas, la cocina de los internos, de los reos, la cocina de los trasladados, la cocina de los corresponsales… Te vas adaptando a lo que puedes comer, y creo que cada quien lleva impreso en su corazón, en su ser, en su espíritu, lo que es, de dónde viene y adónde se va. En Irak los corresponsales estábamos en un hotel que era prácticamente un cascarón, no tenía infraestructura y había muy pocas cosas para comer, entonces yo me hice famosa y fui conocida por enseñar a los otros colegas a hacer huevos a la mexicana.

 

EFC Cuéntame eso…

HN Mi equipo, mi productor, mi camarógrafo y yo, nos metíamos muy temprano a la cocina a picar cebollita, jitomate y un poco de lo que hubiera y empezábamos a pedir salsa picante y hacíamos nuestros huevitos picosos, entonces el resto de los compañeros nos decían ¡Hey! ¡danos! Lo demás era comer pollo de mala calidad, lo poco que había en el restaurante era pollo frito, pollo al horno y pollo hervido… Otra cosa importante era el agua… En situación de guerra, en conflicto bélico, no es muy conveniente tomar agua, porque no sabes qué tipo de agua sea y si está contaminada; tratábamos de consumir refresco o agua embotellada, pero nos dimos cuenta que también las aguas las rellenaban. Finalmente íbamos al mercado negro. De modo que, por ejemplo, dos latas de atún, dos litros de agua y un paquete de galletas, nos podían costar cien dólares o más. Ahí era donde acudían los corresponsales, o la gente que traía dinero.

En conflicto bélico la única gente que trae dinero en el bolsillo y que anda caminando con él encima, pues somos nosotros los periodistas, no puedes dejar el dinero en ningún lugar, porque nunca sabes si vas a regresar. Esa es la forma en que nosotros sobrevivimos, trayendo en una bolsa todos los billetes para intentar cambiarlos por comida o porque te trasladen de un lugar a otro. En el hotel, un día mi productor me dijo: “quiero pan tostado”, y yo ¿dónde crees que estás? estamos en un país en guerra, ¿cómo quieres pan tostado? ¡si no hay lujos! Bueno, así te vas formando, las situaciones te dan tiempo para pensar que te gusta y a lo que puedes acceder, cuando estás en un lugar en el que no sabes ni siquiera si vas a sobrevivir, menos si te puedes poner regio con la comida.

 

 
  Yo soy ciudadana del mundo, me parece que las fronteras son políticas, la tierra es una sola para todos, estamos tan cerca de un lado como del otro.