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EFC: Háblanos de aquella obra que escribiste, Cena de Reyes, inspirada en Alfonso Reyes.
NA: Está basada en las Memorias de cocina y bodega y en “La cena”, que es quizás el más emblemático de los cuentos de Reyes. Yo había producido teatro, pero nunca lo había escrito. De pronto se dio un acercamiento por parte del Festival Cervantino, que me solicitó una propuesta diferente para homenajear a Alfonso Reyes, y entonces se me ocurrió hacer una adaptación escénica de “La cena”, pero metiéndonos a la cocina. El personaje principal es un chef alcohólico que lo ha perdido todo, las ilusiones, el dinero, las esperanzas y casi la decencia, y tiene muchos problemas para servir la cena que los personajes del cuento van a degustar esa noche. Resultó una de las mejores experiencias de mi vida, porque además Aurora (de Aurora y la Academia) desarrolló una puesta escénica muy osada, en donde una sección del público comía un menú Alfonsino diseñado por Pedro Ángel Palou, quien además de escritor es chef… Por otro lado, todo el público tenía en su programa de mano un encarte con olores, del cual se destapaban ventanitas y asociaban esos olores a la obra. La experiencia comenzaba desde el foyer de los teatros mismos, en donde estaba el Octeto Vocal del Instituto Mexiquense de Cultura cantando canciones de la época. La obra nos remite a un ambiente del siglo XX y fue una gran oportunidad para darme cuenta de cómo los actores resignifican el texto que uno escribe. Yo creía por ejemplo que había escrito una obra sobre la muerte y el placer, y sí, sí era eso, pero también era una obra sobre las desigualdades sociales.
EFC: ¿Cuál es tu protocolo a seguir en la mesa? ¿Sigues alguno dependiendo del invitado, si es un político, artista, intelectual, periodista o te vas por la libre?
NA: Me voy más bien por la libre… Dentro de las buenas maneras, evidentemente, pero trato de ser una persona más o menos educada. Me da igual si estoy comiendo con mi mujer, con mi familia, con mi asistente, que si estoy comiendo con un embajador. Yo creo que hay que tener buenas maneras en la mesa en cualquier contexto, hay cosas que aunque a algunos les parezcan complicadísimas, son de pura lógica. Soy un devoto del Manual de Carreño, lo confieso, pero lo sigo con cierta naturalidad y liberalidad. A veces mi esposa y yo ofrecemos cenas en la casa y en ocasiones convocamos a un mesero, pero esto último depende más del número de comensales que de si realmente les tenemos confianza, pues de entrada toda persona que se sienta a mi mesa me es entrañable, no la invitaría a cenar a mi casa si no fuera así. Y si hay que servir otra ronda de postres o de tragos no tengo problema, me encanta servirle a la gente, sobre todo martinis… Un martini se compone de tres ingredientes: ginebra, vermout y aceituna; para mí la ginebra tiene que ser Beefeater y la aceituna tiene que ser gordita y española… Sigo la receta de Luis Buñuel en Mi último suspiro, que sugería echar unas cuantas gotas de vermout en la copa, muy poquitas –de hecho, para esos efectos mi mujer me regaló un atomizador–, o bien le echo simplemente unas cuantas gotas, agito la copa, tiro el vermout y enseguida vierto la ginebra, previamente helada, después de haber depositado la aceituna. Volviendo al tema del protocolo, hay cuestiones que son más de respeto y de convivencia que de protocolo, de mínima amabilidad con los demás, por eso es importante tener buenos modales en la mesa, del mismo modo en que hay que hablar o escribir con corrección, vestirse pulcramente, ser cortés con los demás…
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EFC: Decías hace rato que no hay nada más interesante que una mujer de buen comer…
NA: A mí toda mujer que no come me parece muy sospechosa. Yo sé que es un cliché espantoso y que debe haber mujeres que no comen y que deben ser volcanes de pasión tropical, pero una mujer que no come luce sospechosamente frígida… De entrada a mí me parece que esta moda de la extrema delgadez es algo que interesa enormemente a las mujeres, pero no a los hombres. Yo no creo que a los hombres nos gusten las mujeres tan delgadas, creo que es algo que hacen las señoras para las señoras a propósito de ver a otras señoras en la pasarela. Creo que es un asunto más bien del campo de lo estrictamente femenino. Por otra parte, me parece que una mujer que no disfruta de la comida, podría bien ser una mujer que no sabe disfrutar la vida en general; de una mujer que no disfruta de la comida, no sé si se vaya a reír mucho, no sé si vaya a ser muy buena amante, muy inventiva, muy gozosa, a lo mejor no. Mi concepción de lo que es una mujer hermosa es bastante amplia. Catherine Deneuve me parece una mujer extraordinariamente hermosa, aunque tenga más de 70 años y más de 70 kilos. Nicole Kidman es una mujer muy delgada, pero también es hermosa. Yo no creo que una mujer sea hermosa o no por unos diez centímetros de cintura, tiene que ver con su inteligencia, con su esencia, con una cierta disposición de sus rasgos, de sus curvas evidentemente, con su encanto personal, con su arreglo. Es decir, creo que tiene que ver sobre todo con que sea un ser susceptible de disfrutar en términos generales.
EFC: Te gustan las estrellas de cine… ¿y la comida en el cine?
NA: Depende de la película, hay algunas en las que es verdaderamente pesadillezca, como sucede en El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante de Peter Greenaway, ahí la cocina es la metáfora de todo lo posible. Empieza a ser muy seductora y termina siendo terrible. Sin embargo, hay otras películas que tienen una relación muy sensual, muy hedonista con la cocina como El festín de Babette. O Chocolat, que aunque es una película muy menor, me gusta mucho; ahí Juliette Binoche es el ejemplo clarísimo de una mujer que suma belleza, inteligencia y capacidad para el placer a través de su relación con la comida, capacidad para prodigar placer incluso. Incluso Nueve semanas y media provoca que la comida se antoje en otro registro y en otro terreno; y cómo olvidar El último tango en París, que ofrece nuevos usos de la mantequilla... Yo creo que la cocina ha sido una metáfora de todo a lo largo de la historia del cine, pero creo que todo puede ser una metáfora de todo también, es decir, creo que depende mucho de cómo uno se relaciona con algo.
EFC: ¿Y cocinas?
NA: No, bueno, “cocinar” es mucho decir. Hago algunas cosas sencillas como una ensalada que me enseñó a hacer mi tío Javier, que en esa tiempo estaba entre esposas. Vivía solo y a veces tenía que cocinar para una cena. Es muy sencilla. Dependiendo del número de comensales, ahí le va uno calculando. Lleva lechuga escarola, queso gruyère –buen queso gruyère– y salami húngaro en partes iguales, todo picado en cuadritos pequeñísimos. Tanto el gruyère como el salami deben ir rebanados muy finamente y revolverse con aceite de oliva y vinagre balsámico. Es una receta como de soltero o como de tío divorciado, pero es muy rica.
EFC: Te agradezco mucho por las historias, las anécdotas, por la fantasía que tienes y que compartes con el público de elgourmet.com
NA: Édgar, muchísimas gracias a ustedes. |
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