Cruza en bicicleta la ciudad para llegar puntual a la cita en la colonia Condesa.
Se ve venir a lo lejos con actitud desenfadada; saluda con efusividad, como quien encuentra a un viejo amigo. La cálida tarde nos invita a tomar una mesa en la terraza del restaurante Damiana, del chef Gerardo Vázquez Lugo. El diálogo surge natural, con gestos de buen humor y ganas de comer.
¿Siempre quisiste ser actor?
Sí, tenía cuatro años y en ese entonces los televisores eran cajas enormes, la gran mayoría en blanco y negro. Una vez la miraba y adentro apareció mi hermano, llegué corriendo con mi mamá y le dije que la tele se lo había chupado; ella me abrazó con ternura y me explicó cómo funciona la famosa “caja”. No entendí bien, sólo recuerdo allí a mi hermano con muchos pastelitos, rodeado de niños y, lo mejor de todo, ¡se los podía comer! Desde ese momento dije que quería aparecer también en la dichosa “caja”. Le comenté a mi mamá que yo quería hacer eso el resto de mi vida.
¿Qué comías de pequeño?
De niño y adolecente sólo comía pan con cajeta, galletas y leche; era muy remilgoso. Aunque parezca ridículo, hasta los treinta años descubrí el jitomate y el aguacate, entre otras cosas. Desde ese entonces me propuse probar de todo y hasta la fecha lo he cumplido.
¿Qué te gusta comer?
Puedo ser un poco especial, pero me he prometido probar todo lo que se me ponga en frente. Soy fan de la cocina mexicana. He vivido mucho tiempo fuera de México, tal vez eso me hizo extrañarla y enamorarme de ella. Antes, cuando vivía solo, comía mucho en restaurantes, compartía recetas con amigos y chefs; ahora disfruto más hacerlo en casa. Otra de mis comidas favoritas es la asiática, me encanta esa sensación de crear explosiones en la boca, mezclando lo salado con lo dulce como en la cocina thai y vietnamita.
Ahora en esta nueva faceta de descubrimiento gastronómico, ¿qué es lo más raro que has probado?
He descubierto cosas extraordinarias. En un viaje a China, probé rata de campo y me encantó, es similar al pollo.
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¿Cocinas?
Cuando era soltero me encantaba ir al súper, comprar varios ingredientes y experimentar. Hoy no lo hago porque estoy rodeado de excelentes cocineras. Además ellas no me permiten entrar a la cocina… Aún no entiendo esa satisfacción de hacer de comer para alguien más. Soy un ser humano normal, ahora con familia; ando en bicicleta por la ciudad, disfrutando y adaptándome a mis nuevos proyectos. En esta etapa como padre han cambiado muchas cosas; he sustituido el vodka por mamilas.
EL CAMINO DE EDUARDO
Cuando se divorciaron mis padres mi abuela me acompañaba a hacer comerciales. Así comenzaron los proyectos; a los 17 años ya había anunciado todas las marcas que te puedas imaginar. Obviamente mis padres se opusieron, pero al final me apoyaron. Estudié teatro muchos años, después incursioné en el cine en una universidad de Nueva York. Actuar fue para mí algo natural, pero escribir me ha costado mucho trabajo; llevo más de diez años intentándolo y estudiando; de un buen guión depende el éxito de la película. Otra de mis pasiones es dirigir teatro.
Todo ha sido dictado por el tiempo, escribo entre escena y escena. En lo que se presenta otro proyecto dirijo alguna obra de teatro. |