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  ENTREVISTA
 
 

Nicolás Alvarado

 
 
 
     
 
 
 

De formas, letras y sabores

 
 
   

Joven renacentista, iconoclasta dotado de una prodigiosa memoria y gran cultura, carismático y gran conversador, responde a cada pregunta con oraciones riquísimas, llenas de anécdotas y referencias. Nicolás es un hombre de medios, escritor, director de teatro y conductor de programas de radio y televisión, un hombre que sabe vivir y disfrutar la vida.

 
por Edgar Fernando Cruz
fotos de Fernando Gómez Carbajal

Nos reunimos a comer en el restaurante Sikasso en Av. de la Paz 57 en San Ángel, un sitio de cocina mediterránea con toques franceses. Acompañamos nuestra charla con ensalada verde, sopa de mejillones, medallones y vino tinto.

EFC: Tu inicio en los medios fue desde muy joven en ABC Radio... NA: Sí, hablaba de los grandes hoteles del mundo. Yo tenía catorce años, había nacido en una familia dedicada desde hace tres generaciones a medios de comunicación, y un verano mi madre ya no sabía qué hacer conmigo, así que me invitó a trabajar con ella como asistente de producción, pues dirigía ABC Radio en aquella época. Ese trabajo me gustó mucho y creí que quería ser hotelero, pero la realidad es que quería ser escritor. Me gustaban mucho las anécdotas que se contaban acerca de los grandes hoteles del mundo, El Plaza de Nueva York, El Savoy de Londres, el de Marrakech, el Alvear de Buenos Aires; tenía mucha bibliografía al respecto y me pareció que había que hacer una sección en ABC Radio sobre ello ¡me divertía mucho! Ahora, 20 años después, reviví esa sección para la revista Vuelo, donde tengo una columna sobre este mismo tema.

EFC: En ABC Radio compartías cartel con José Arreola…

NA: Bueno, compartí muchas cosas con él. José Arreola fue un amigo muy querido de mis padres. Mi padre, Miguel González Abelar, fue su secretario particular en los años que fungió como director de la Casa del Lago, y mi madre fue su compañera de trabajo en Canal 13, cuando todavía pertenecía a la televisión pública. Arreola fue una presencia muy cercana en mi infancia; mi mamá y él seguían trabajando juntos a esas alturas en la radio. Él fue no sólo una influencia literaria determinante, sino una puerta a muchos autores, a muchos referentes, fue alguien a quien quise entrañabilísimamente.


EFC: Imagino que también te inundaste de todas esas historias al escuchar a Arreola, a tu padre, a tu madre y entraste a un mundo fantástico.

NA: ¡Absolutamente! Siempre fui un niño muy lector; nací en una casa en la que había muchísimos libros. Aclaro que no era nerd, había demasiados estímulos encontrados en mi familia. Por ejemplo, en mi casa había ediciones hermosísimas de la Divina Comedia, del Quijote con ilustraciones de Doré, Demian de Herman Hesse y libros de psicología, desde las obras completas de Freud hasta cuestiones de neurofisiología. Pero también estaba la revista Cosmopolitan, a la que mi mamá estaba suscrita, y a la cual le debo la base de mi educación sexual… o de mi mala educación sexual, pues yo la leía impunemente. Cada domingo mi madre me llevaba a comprar cómics de Editorial Novaro al puesto de periódicos, así que tampoco crecí en una suerte de torre de marfil, donde sólo nos dedicáramos a leer a Joyce y a Shakespeare. Nací en un hogar en donde había un interés dinámico por la cultura, un interés que estaba vivo y además señalado por la cultura popular y culta. Afortunadamente crecí en un hogar que tenía la relación que yo tengo hoy con la cultura.

EFC:¿Qué representa para ti la cultura?

NA: Yo creo que la cultura es lo que nos diferencia de los animales, es decir, es lo que hace que seamos seres que van más allá de la subsistencia. Creo que cualquier posibilidad de trascendencia está en la cultura, cualquier posibilidad de elevación del espíritu, y cuando digo elevación del espíritu no quiero decir que nos haga mejores personas, sino personas más complejas. La cultura nos permite divertirnos más o perturbarnos más o volvernos más siniestros, o más lúdicos o mejores. Yo creo que alguien que no tiene una relación activa con la cultura, vive, por decirlo de alguna manera, una sub-existencia, es decir, es alguien que simplemente sobrevive. Aquello que hace que la vida sea al mismo tiempo disfrutable y terrible es la cultura.

EFC:¿Cuáles son tus bellas artes preferidas? ¿Cómo te relacionas con ellas?

NA: Bueno, la única que sé ejercer, digamos con mediana solvencia, muy mediana solvencia, es la literatura. Escribo desde muy joven, no sabía que quería ser escritor, yo creía que quería ser director de cine, hotelero… pero en el camino descubrí que no, que lo que realmente quería era ser espectador de cine y escribir sobre él. Otra de las bellas artes que también tiene una relación poderosísima conmigo es la arquitectura, coqueteé cinco minutos con la idea de ser arquitecto…