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De niña leía las columnas políticas de los periódicos como si fueran novelas por entregas. Ahora, conduce un noticiero de televisión en Cadena Tres, otro de radio en Imagen y escribe una columna diaria en el periódico Excélsior. La literatura es su segundo amor. Le apasiona la comida y la vida le parece como un platillo altamente estimulante. |
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por Inés M. Saavedra
Fotografía Rodrigo Oropeza |
Para descubrir los lazos entre la cocina y el periodismo, nos dimos cita en el restaurante (d)efe para conversar con Yuriria Sierra. Así, entre platillos reconfortantes -de la chef Francesca Wright-, disfrutamos de una interesante plática, en la cual esta comunicadora nos mostró que el periodismo, como un buen platillo, está hecho de curiosidad, equilibrio y, algunas veces, algo de riesgo.
¿Siempre quisiste ser politóloga?
Todo mundo en mi casa era hiper-politizado. En algún momento pensé que estudiar literatura también hubiera sido una opción; la literatura es un poco un amor secreto, ese gran amor que no necesariamente compartes con todo el mundo. Me fascina escribir y soy medio poeta de closet, pero eso aparte de mi profesión. Yo soy periodista, de eso vivo y eso es lo que me apasiona.
¿Cómo vives tu relación con la comida?
He tenido una relación absolutamente bipolar con la comida. Es uno de los grandes placeres a los que he tenido acceso desde chiquita y eso fomentó; alimentó particularmente mi amor por la gastronomía. En mi casa he tenido una vena muy gourmet. Es de esos grandes amores-odios, porque la disfruto tanto que en ocasiones se me ha llegado a convertir en un problema. Lo que aprendí con los años, es a comer bien. Un proceso de aprendizaje que no significa sacrificar la buena comida.
¿Y qué es la buena comida?
Todo. Disfruto profundamente toda clase de alimentos. Creo que todo tipo de comida tiene su gran encanto, su gran magia, su gran gancho. Lo mismo me apasiona la buena comida mexicana, un puesto en la esquina, o la extraordinaria gastronomía japonesa y creo que eso es una bendición.
¿Desde la infancia?
De los placeres que conocí y aprendí desde la infancia, la literatura o la política habrán tenido el primer lugar. Pero, sin duda, de los terrenales la comida siempre fue el más importante de todos. Mis bisabuelas eran unas grandes maestras de la cocina; todos los días tenían una sorpresa para la familia, y cuando no eran ellas, salíamos a comer delicioso. Los fines de semana íbamos a la casa de campo en donde la comida era el evento más importante al que acudíamos todos. Cuentan en mi familia que antes de cumplir un año de edad me comí un taco de moronga y no me morí. Además, lo disfruté y siempre quise que me dieran más, desde entonces comprendieron que yo iba a tener buen diente. Y no se equivocaron. |
¿Cocinas?
Sí, no soy la mejor cocinera del mundo porque no me he avocado a aprenderlo como debería, pero creo que tengo creatividad y buena sazón. Cuando lo hago me divierto mucho.
¿Cocinas con recetario o por instinto?
Cuando cocino, generalmente sí hay una receta de base que termino siempre desbaratando y desvirtuando, para convertir en una creación propia. No sé si buena o mala, eso le corresponde a mis comensales juzgar. A mí me gusta lo que cocino, creo que tengo un paladar intuitivo, entonces me gusta experimentar, entender la conexión casi química de los elementos de un platillo.
¿Comes en casa o en la calle?
Como mucho afuera; es raro comer en casa. Mi vida cotidiana me lleva a comer así. Cuando como en casa, es porque necesito estar sola, apapacharme o invitar a alguien a compartir.
¿Cómo eliges tus alimentos?
Elijo mi comida por mi antojo, trato de hacerle mucho caso a mis ganas, a mi capacidad de salivación cuando pienso o evoco algún alimento en particular. |
¿Los medios de comunicación influyen en lo que come un país?
No sólo lo creo, estoy convencida. Es una enorme responsabilidad. Somos el segundo país con obesidad en el mundo y es también nuestra responsabilidad, no sólo comunicarlo, también ofrecerle opciones al televidente, al lector, al radioescucha. Todo eso para comer más sanamente y más cuando en carne propia experimentamos el tema de aprender o reaprender a comer mejor. Es responsabilidad de todos, no sólo de las autoridades, de las mamás, de los maestros, de todos. Nos hace falta mucha honestidad en el tema de la alimentación y la seguridad alimentaria. Es importante educar a los mexicanos para comer mejor. Esa puede ser una muy buena inversión de futuro. .
EN PRIMERA PERSONA
Los medios y yo tenemos una relación absolutamente azarosa, nos provocamos mutuamente, nos decretamos mutuamente. Estudié Ciencia Política en el ITAM y los medios de comunicación nunca habían estado en mi horizonte. Empecé esta carrera en el periódico Milenio, editando un suplemento de política. Luego me invitaron a la radio y después a la televisión. Los medios me escogieron más que yo a ellos.
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