Las enchiladas tabasqueñas están cubiertas de mole negro y rellenas de papa y carne. El sabor es mucho muy intenso. Es un plato que en potencia y complejidad de sabores sólo se compara con el chichilo, aunque el segundo, de textura más suave. Mientras las enchiladas guardan un sabor achocolatado, en el chichilo el toque tatemado es muy claro y aun así la hierba santa destaca notablemente. La combinación con la res no podía ser mejor. Es un plato para juguetear con los sabores, la carne da un matiz, el cilantro otro. Calabazas y ejotes crocantes armonizan maravillosamente con esta salsa oriunda de Oaxaca.
Cada ingrediente tiene su razón de ser en esta cocina y los postres no son la excepción. Tres postres se llevan las palmas y mejor no ser remilgoso. Fundamental es el nicuatole zapoteco ($40), algo similar a una gelatina de maíz con salsa de zapote negro. Según lo indica el menú, es tal vez el postre más antiguo de México y, es de origen prehispánico. Aunque no siempre lo hay, el tamal de chocolate con piña y nuez ($60) servido con crema inglesa, compite con los mejores postres del mundo. Una creación única del chef. Para llenar el último recoveco de gula: pan de elote ($60), de textura fina y templada. Resulta reconfortante. Si la tarde es bella, la terraza es ideal. En este templo, se viene a rendir culto, dado que no hay distracciones ni amenidades, sólo se puede contar con buena comida y compañía.
Un contra y dos pros más. Contra: no se venden bebidas alcohólicas por estar dentro de la Ciudad Universitaria, a cambio, tal vez una de las mejores horchatas del D.F. Pros: Primero, todo está tan bien preparado que ni una agrurita aparecerá. Segundo, si el pago es en efectivo aplica 10% de descuento. |