Nueve años y tres aperturas, la más reciente a cargo del talentoso y multifacético chef Edgar Núñez, marcan la historia de Landó. Siempre bueno, siempre ideal para la reunión de negocios, la copa con amigos y, por supuesto, garantía de excelente comida.
Pareciera como si el tiempo no hubiera pasado por aquí. A pesar de permanecer cerrado por casi un año, la gente volvió como si nada. El local está casi idéntico y es sólo en la carta donde se siente la firme y elegante mano del nuevo chef.
A primera vista, está la barra y el diminuto pero acogedor espacio de estilo muy neoyorquino, mezcla de oyster bar y american-french bistrot. En la parte superior hay privados hasta para 40 personas, ideales para encuentros en grupo que requieren cierta privacidad.
Destaca el servicio, la calidad de los productos y, desde luego, los altos precios en donde el cheque promedio es de mil pesos. Fácilmente se concluye que, desde la entrada hasta el postre, todo vale la pena... y más vale ir en grupos de cuatro para probar varios platillos y compartir, al menos, un postre con el que cerrar la comilona. La carta es corta y bien enfocada en platillos que a todos agradan.
De inicio y por considerables $310, el comensal recibirá un plato con seis manitas de cangrejo moro cocinadas al carbón. La suave carne se desintegra en el paladar y resulta muy entretenido partir a punta de pinzas la roja y dura coraza. Aunque se acompaña con mayonesa y salsa mil islas, aderezar este manjar raya en el crimen; con tan sólo unas cuantas gotas de limón, el sabor es espectacular.
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