Este es el joven hermano de Mikado, un clásico ubicado en Reforma muy cerca de la embajada Nipona. Esa referencia debería ser suficiente como una garantía de sabor. Murakami en cambio, es una versión menos elaborada de aquel clásico decorado con el eterno estilo ochentero oriental. El ambiente es más luminoso y moderno, y uno de los lugares preferidos por los sibaritas de la zona de Polanco es sin duda la terraza que, a pesar de estar ligeramente apretujada, permite disfrutar una experiencia callejera única, sobretodo en estos días de calor. El menú es amplio -como es costumbre en los restaurantes con cocinas de oriente-, abundan los sushis, rollos y brochetitas varias, así como platillos mezclados de la cocina tradicional y versiones tropicalizadas al paladar mexicano. El servicio es pronto y atento, el menú goza de un aire original, y se nota que los meseros han probado a fondo las delicias de esta cocina y no dudan en recomendar algunos platillos. Lo tradicional es sin duda lo mejor. Los teppanyaki no son la carta fuerte de venta, pero no hay duda que la calidad de los ingredientes y la maestría a la plancha se nota. Especialmente en platos muy conocidos como el yakimeshi de sorprendente sabor y textura donde los granos de arroz y los sabores son bien definidos. Entre los entrantes está el mochi osebeyaki ($25), una bolsita de pasta de arroz asada y acompañada de alga. La textura ya es particular, además adquiere sabores y sensaciones extra con el asado. Un bocado único. Luego de la primera mordida, se vuelve de uan textura casi como de pasta que se aprecia ligeramente pegajosa en el paladar, llega el sabor intenso de la soya caramelizada, los sabores explotan. El alga que lo envuelve le da firmesa y maniobrabilidad.
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