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  REVIEW
 
 
Per Sé
 

Una anécdota de vida

por Alejandro Zárate

Per Se, es la presencia neoyorkina de Thomas Keller, chef de inquebrantable prestigio ganado a pulso gracias a The French Laundry en California. Con una vista inmejorable de Central Park, en Per Se, Keller permanece fiel a su filosofía de incansable búsqueda de ingredientes locales y/o nacionales con un menú que cambia a diario. Prometí una anécdota por lo que hablaré en primera persona. Mi vivencia, deberá tomarse en cuenta como experiencia personal, lo que no implica que sea repetible en todos aspectos para el lector.

Como buen chilango llegué sin reservación y a deshoras. Per Sé cierra después del “lunch” y abre a las 5 para la cena. No deja de sorprender que se encuentre dentro de un Centro Comercial. La enorme puerta azul, es una réplica exacta de la entrada de The French Laundry. Desde la llegada se respira un aire que me hizo caminar más erguido y esbelto, probablemente por la hostess, una impresionante castaña de modales impecables que discretamente me despojó de mi abrigo y mi cámara.

Al no haber lugar en el comedor, la castaña nunca perdió el estilo y nos ofreció un espacio en el “Salón”, una especie de antesala. En el Salón la idea es beber algo y probar algunos platillos ligeros, más pequeños. De hecho no hay mesa, es como comer en la sala. De inmediato llegó Chris, el Maitre D'. Como parte de su bienvenida nos informó que existe una carta distinta para el Salón y que era imposible degustar los platillos del comedor. En una especie de complicidad, nos reconfortó al hacernos saber que estos platitos, eran versiones pequeñas con la misma calidad, creatividad y sabor del interminable catálogo de recetas del chef Keller.

De inmediato llegó Chris, el Maitre D'. Como parte de su bienvenida nos informó que existe una carta distinta para el Salón y que era imposible degustar los platillos del comedor. En una especie de complicidad, nos reconfortó al hacernos saber que estos platitos, eran versiones pequeñas con la misma calidad, creatividad y sabor del interminable catálogo de recetas del chef Keller.


Mientras en cocina se activó un complejo sistema con nuestra orden, llegaron algunas cortesías del chef. Primero unas croquetitas Una anécdota de vida Per Sé Por Alejandro Zárate Fotos cortesía Per Sé de queso, que en un bocado, resumen las multiples razones de por qué el queso es para muchos la vida misma. Luego, unos conitos de tartare de salmón copeteados con crème fraîche. Y porque no se puede empezar bien sin una sopita, un pequeño tazón de crema de raíz de apio con espuma de nata y pimienta quebrada.

Finalmente iniciamos la experiencia con un clásico de Thomas Keller, “Oysters and Pearls”, de hecho el plato no estaba en ninguna de las cartas, sin embargo accedieron a prepararlo. La cuenta reveló que dos ostiones de Long Island y una cucharada de caviar de Califiornia valen 90 dólares.

El sabor es impresionante, hoy un mes después, todavía me estremece el gusto del sabayón de tapioca mezclándose con el molusco y los huevitos de caviar explotando en mi boca. Bastó con tres o cuatro cucharadas (de madre perla), para terminar con el platillito, pero son sin duda las mejores cucharadas de caviar que jamás haya probado.

 
  Data
10 Columbus Circle
New York, NY 10019
Estados Unidos
(212) 823-9335
 
     

Al sabor del origen del plato elegí un fresco sauvignon Blanc del 2008 también de Long Island producido por la vinícola Channing Daughters. La carta de vinos es impresionante, por su extensión, selección (mucho vino americano) y un listado impresionante de medias botellas, ideal si se quieren pedir dos vinos y sólo asisten dos personas. Por supuesto no hay experiencia completa si no se prueba el foie gras, el de Per Se, producto local del Valle de Hudson, con rebanadas de apio, rábano, reducción de sidra y brotes de arúgula. Para acompañarlo: pan brioche, pretzels, baguettes y pan de centeno.

Nótese que no habíamos ni llegado a la mitad de la degustación y ya habían pasado dos horas, llegó el agnolotti de queso ricotta, acelgas confit de berenjena y emulsión de aceite de oliva. Un plato sencillísimo de sabor y consistencia impecable. La cocción de la pasta, estrictamente al dente, parecía haber sido cronometrada. Entonces llegaron los platos serios, primero, esturión con almejas navaja, zanahorias baby y mostaza. La clave del plato es la calidad de los productos y una técnica de cocción de grandes ligas.

Para un cierre de campeones, rib eye con pasta speazle de eneldo, berros y betabeles de distintos colores rostizados. El dulzón intensificado es lo justo para complementar la suavidad y sabor muy bien definido de la carne. Los últimos platos fueron acompañados por una botella de El Porron 2008, tinto elaborado por la casa Turley con uva Cinsault en Lodi, una pequeña localidad de San Joaquin County, California.

Y eso no es todo, luego llegó una selección de chocolatitos, de los mismos que han vuelto famoso a Keller con su Bouchon Bakery. El que me conquistó estaba relleno de chocolate nuggat aromatizado con jengibre y con un sorpresivo trocito de jengibre cristalizado en el centro. Tras la muy satisfactoria cena, nos llevaron a conocer la cocina. Aquello fue como entrar a un quirófano. Juro que podría poner la lengua en el piso. Todo era perfecto y lo único que se escuchaba eran los platos y la voz del Chef de Cuisine Jonathan Benno, que para cuando se publiquen estas líneas habrá dejado las filas de Per Se, en sustitución, el souschef Eli Kaimeh, tomará su lugar. Per Sé en Nueva York, es un sitio donde no sólo vale la pena viajar para conocerlo, también, es un lugar que hay que probar antes de morir.