Los Montes Cárpatos y el Mar Báltico le impregnan un sello único a la gastronomía polaca. En su repertorio encontramos platillos de los mares más fríos, como el arenque, contrastados con los típicos guisos que uno podría degustar en una pequeña cabaña perdida en las montañas. La comida es sustanciosa. Además de las diversas preparaciones con pescados, sus especialidades incluyen platillos a base de pastas, papa, carnes y aves, tales como el pato y el ganso. También son conocidos por su charcutería.
Me reuní un martes al mediodía con Luisa, una amiga y gran conocedora de la cerveza, para realizar un experimento de esta mítica bebida con la gastronomía polaca. Llegamos al Rincón Polaco y lo primero que observamos fue su decoración; el salón es amplio y en las paredes cuelga una selección de cuadros de íconos de arte religioso. Escogimos la mesa en el primer piso, ubicada junto a un gran piano de cola. Al preguntarle al mesero si éste se usa, nos contó que cobra vida los fines de semana cuando toca un trío de jazz. El dueño, Carlos Guerra Ríos, reunió a músicos, entre sus conocidos y amigos, para formar un grupo que a gusto del mismo mesero es bastante bueno.
Al preguntar por la selección de cervezas, el capitán nos ofreció una buena oferta de nacionales, además de dos importadas: una clara y una obscura. Optamos por las importadas. Así, llegaron a nuestra mesa dos Carolus, una Golden Classic ($55, obscura) y una Golden Carolus Triple ($55, clara).
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