Esta hermosa casona ubicada en la primera cuadra de la calle Tonalá, en lo que fuera una de las zonas más gloriosas de la colonia Roma, atiende a sus comensales únicamente by appointment. No hay puertas abiertas ni valet parking, no se puede llegar sin cita. Además, el servicio está disponible sólo de martes a sábado para la cena.
Tras tocar el timbre, se sube por una breve escalinata que conduce al hall; ahí el jazz y el murmullo de los asistentes se mezcla con el shaker del barman que prepara martinis. Mientras se disfruta de un cóctel, es inevitable la sensación de estar en un suceso muy exclusivo, casi peliculesco, que se repite cada noche para unos cuantos.
En parte, el ambiente espectacular se debe a que esta casa conserva muebles y objetos personales de la familia Castello Sainz, actuales propietarios. La construcción es tan antigua, que incluso el emperador Agustín de Iturbide fue uno de sus habitantes.
Desde la recepción se accede a todos los rincones de la casa: de un lado está el comedor junto a la chimenea, espacio reservado para grupos grandes y eventos privados. Por el otro lado del recibidor, se llega a la cocina y a la biblioteca donde se puede disfrutar de una copa de espumoso o una entrada. Las siguientes habitaciones cuentan con mesas de distintos tamaños para los grupos más pequeños.
El menú, diseñado por la polémica y muy talentosa chef Sonia El-Nawal, muestra una colección de influencias, producto de la experiencia adquirida en las cocinas del mundo donde ha trabajado. Si hubiera que encasillar el estilo, probablemente las notas francesas son las que más destacan. Pero igual se puede disfrutar de un fantástico clam chowder ($140) con tocino crujiente o una tártara de kobe ($160) de sabor y textura espectacular.
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