Los comienzos: Se nota la alianza con el restaurante Gruta del Edhen con un toque personal del lugar como el jocoque Yirán con Zaatar ($68), chile verde desvenado y cebolla picada.
El ambiente: Este local albergó al concepto Piegari. Las renovaciones fueron mínimas, notables en el decorado. La música, algo como lounge arabezco, muy agradable.
La cocina: Desde aquí llegan las especialidades más conocidas de Líbano en México. Los entrantes son correctos y, si se prueban varios pueden constituir una buena comida compartida. Hummus ($59), Tabbouleh ($79) y Hojas de parra ($98) rellenas de arroz con carne de carnero son fundamentales para empezar.
Recomendados: El costillar de carnero relleno ($425) pregona ser el plato fundamental de la casa, lo que implica no probar el resto pues es una ración muy abundante.
Una buena porción individual es el Alambre Shish Taouk ($149) con trocitos de pechuga de pollo marinados pacientemente en salsa de yogurt y azafrán para luego hornearse con cebollas que llegan doradas y dulces a la mesa. Esto se puede complementar con algo de jocoque y pan árabe recién hecho en horno de piedra.
Bebidas: La bebida estelar es la limonada con hierbabuena y va muy bien con casi todos los platos.
Servicio: El servicio es atento y dedicado.
El postre: Aquí se pueden encontrar algunos detalles muy auténticos como el Graibe ($48), galleta de almendra con suave textura de polvorón. El Halawe ($70) es un turrón con pasta de ajonjolí y pistache que llega de Líbano. la textura es como la del mazapán con un perfumado aroma de azahar. La porción es generosa, suficiente para dos.
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