Para el almuerzo, qué mejor que un tajine bien caliente,aromatizado con el ingrediente por excelencia de Marruecos: las 45 especias. Este plato se sirve en un recipiente hecho de barro y con tapa cónica, en el que los alimentos se cocinan en su propio vapor. Cuando el plato llega a la mesa, el aroma de los vegetales y las carnes es intenso. Se preparan de carnes o pollo, con papas, zanahorias, cebollas, tomates, perejil y los toques especiales de cada lugar.
A media tarde, un pueblo especializado en tapices, el terreno comienza a ser más arenoso, y los picos nevados de las montañas, a lo lejos, contrastan con el color ocre de la tierra. Los grandes oasis comienzan a aparecer, difíciles de delimitar, con sus palmeras, lagos y piedras. A lo largo del recorrido, se ven decenas de Kasbah, así como las Medinas, construcciones con sólo una entrada y una salida, con su mezquita y mercados.
El sol rajante ya empieza a caer cuando llegamos a Rissani, atravesando Errachidia y Erfoud, a pocos kilómetros de la frontera con Argelia. Los burros con sus cargamentos de té, palmeras secas para encender el fuego, dátiles y menta, bordean la ruta. En Rissani, nos ofrecen el, quizá, séptimo té del día, bien dulce y caliente, en una casa de artesanías, tapices y teteras, mientras Driss fuma su shisha (la pipa de agua que forma parte de la cultura local).
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