Maple
Se dice que los indios ya degustaban las mieles de este árbol desde antes de la llegada de los colonizadores, y la leyenda cuenta, que el descubridor fue un hombre, quien en medio de un berrinche en contra de su pobre esposa, lanzó el tomahawk (hacha) a un árbol, abriendo la corteza, de la cual brotaría el preciado jarabe…
Hay cinco tipos, el extralight, el light, el médium, el ambar y el oscuro. El que más recomiendan los locales para cocinar es el ambar por su sabor intenso, y para rociar los hotcakes, el favorito es el médium o bien la mantequilla de maple, ideal para untar. Según la temperatura a la que se maneje el jarabe, se obtienen posteriormente la mantequilla, el azúcar y el azúcar granulado.
Definitivamente el emporio de productos del arce, o sea el árbol de maple, es Maple Delight, donde hay no sólo un museo dedicado al maple, una infinidad de delicias elaboradas con este producto, como helados, tes, pasteles, chocolates, mostazas, patés, salmón, cerdo, y gran variedad de aderezos, sin olvidar por supuesto los jarabes, que Milena, la amable anfitriona, les dará a catar.
Sin dudarlo, en cuestión restauradora, la opción es La Sucrerie de la Montagne, una cabaña con capacidad para 400 personas (y se llena) que ofrece comida tradicional de Montreal. Está un poco lejos de la ciudad pero el viaje bien vale la pena. Pierre Faucher, el propietario, es un pintoresco montañés que asegura construyó esa cabaña, y las demás que ofrecen alojamiento a los visitantes, con sus propias manos. El menú aquí cambia prácticamente a diario y las abundantes porciones son servidas al centro para compartir. Inmejorables las conservas y la catsup casera, el grillade (tocino de lomo), el caribú (una mezcla de vino blanco, tinto, vino de blueberry y whisky blanco), el pay de azúcar y los hot cakes, eso siempre hay. En época de nieve, no se puede perder las paletas de miel de maple, elaboradas con el jarabe caliente, que se vierte sobre la nieve, solidificándose de inmediato. También hay una tienda de souvenirs que es indispensable visitar.
Cerveza
Sin duda uno de los productos más socorridos no sólo en Montreal, sino también en el mundo sibarita. En esta ciudad la cerveza es cosa seria, ya que le rinden honor con el Festival Mundial de la Cerveza que se celebra año a año y además esta metrópolis reúne una amplia gama de pubs aptos para degustar cerveza y la mayor y mejor selección de cervecerías de especialidad o micro-breweries de Canadá.
Uno mis rincones cerveceros favoritos es Benelux, tanto por su selección de cervezas artesanales que se elaboran ahí mismo como por su imagen y arquitectura. Aquí Benoit Mercier, el maestro cervecero a quienes todos conocen simplemente como “Ben”, elabora 12 cervezas diferentes, al estilo de Bélgica y del norte de Estados Unidos, aunque en ocasiones tienen algunas cervezas especiales por estación. La más popular de sus creaciones es la Saison, muy frutal y especiada, aunque yo sugiero probar las más posibles, cuestión que se puede hacer conservando la elegancia con el sampling que abarca 5 tipos: 2 estilo Belga que incluye la Saison; The hooligan (tipo inglés); la Stout (también tipo inglés) y la Blond. Aquí la comida no es la gran cosa ya que sólo hay paninis y hot dogs.
Ahora, que para comer y beber bien, está Mechant Boef, un bistró con buena música, estupenda comida, y una buena selección de cervezas de Montreal. El plato que se lleva la noche es el pollo a la cerveza, que llega a la mesa entero, horneado, y cómodamente sentado sobre una lata de donde surgen los efluvios de cebada que aromatizan al ave, sólo hay que considerar que el platillo en cuestión tarda un poco en su preparación, por lo que sugiero ordenarlo antes que nada. Para acompañar o para picar no hay nada mejor que la Poutin, un plato típico de Québec elaborado a base de papas a la francesa, queso fundido y salsa de carne. |