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Una forma sencilla de comprender los vinos de Burdeos es conociendo su terruño. Aquí una breve introducción a los caldos bordaleses, reafirmada con un viaje en el que recorrimos 10 AOC de la región y 13 magníficos châteaux, en los que, por supuesto, degustamos muchos estupendos néctares. |
Texto y fotos: Fabiola de la Fuente |
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Francia y sus regiones vitícolas pueden parecernos un total enredo. Y no es para menos, ya que tan sólo la región Burdeos, tiene 57 A.O.C. (Apelaciones o Denominaciones de Origen Controlado) en su haber. Vayamos con calma... Burdeos es el segundo lugar del mundo con mayor territorio de vides plantadas con alrededor de 115,000 hectáreas, después de la región de Languedoc. Este territorio equivale a más del total del terreno dedicado a la viticultura en Alemania y alrededor de tres veces el de la costa norte de California, incluyendo los condados de Napa y Sonoma. Su historia con el vino es más que añeja: en el siglo I a.C. los biturigos, pueblos galos de la ciudad de Burdigala, plantaron viñas a orillas del río Garona. Posteriormente en 1154, debido al matrimonio de Leonor de Aquitania con Henri Plantagenêt, entonces rey de Inglaterra, Burdeos se tornó ciudad anglo-gascona, con lo que se desarrolló el comercio del vino tanto con Inglaterra como con los países nórdicos. Tres siglos después llegó a su fin el periodo inglés; no obstante, el comercio del vino logró restablecer la prosperidad en la región, manteniéndose hasta ahora como uno de las principales actividades económicas. La industria vinícola de esta zona, factura alrededor de 3,000 millones de euros anuales y genera miles de empleos; se dice que seis de cada 10 personas en Burdeos trabaja en el sector vitivinícola.
Entrando en materia
Los vinos de Burdeos se dividen en cuatro tipos: tintos, rosados, blancos secos y blancos dulces. Las principales cepas utilizadas son en tintas: Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc principalmente, aunque también es común encontrar tintos de Burdeos que incluyen Malbec, Petit Verdot y Carménère. En variedades blancas, las principales son la Sauvignon (Blanc), Semillón y Muscadelle o Moscatel como aquí se conoce, además de Sauvignon Gris, Uni Blanc y Colombard. Y aunque décadas antes los blancos eran muy populares, hoy día han sido apabullados por los tintos. El terruño en esta región lo es todo. A lo largo de centurias, los bordeleses han estudiado en detalle tanto los tipos de suelos de la zona como las variedades que mejor se dan en ellos. Es por esa razón que en los vinos de Burdeos con apelación no veremos otras variedades de uva más que las antes señaladas. Por ejemplo, del lado derecho del Gironde, predomina la Cabernet Sauvignon, mientras que en el izquierdo reina la Merlot. Burdeos no sólo se jacta de su terroir sino de su assemblage, el arte de la mezcla. Ello consiste en integrar caldos de tanques diversos, producidos con uvas de diferentes variedades y parcelas, con lo que se busca lograr el mayor equilibrio, potenciando la expresión del terruño en función de la calidad de la añada. La cantidad de sol, agua o viento, que difiere cada año, determina preponderantemente el desarrollo del fruto, esto debido a que aquí todos los viñedos son de temporal, es decir, está prohibido utilizar sistemas de riego por goteo en vinos con denominación. Cuando los vitivinicultores consideran que ha sido un gran año climático, proclaman una cosecha del siglo, la cual, por cierto, también puede ostentar un gran precio.
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La crianza es otro arte del que los bordeleses presumen. Tan sólo unos pocos utilizan barricas de roble nuevo, otros las prefieren de uso reciente y los más de varios usos; pero en todos los casos la madera confiere características particulares al caldo. El tiempo aquí también es una cuestión de cuidado; éste dependerá del resultado que se quiera en el vino, ya que a mayor madera, mayor complejidad. En ocasiones, aun después de ser añejados en barrica, los vinos continúan su añejamiento en la botella; algunos, sobre todo los grandes crus, pueden permanecer por más de un par de años en bodega antes de ser liberados.
Las clasificaciones
La más antigua y más famosa de todas es la de 1855, elaborada por el Sindicato de Comerciantes del Vino y proclamada por Napoleón III, misma que dio lugar a los afamados premiers, deuxièmes, troisièmes, quatrièmes y cinquièmes crus, tan cotizados mundialmente. Todos los châteaus incluidos son de la región del Médoc, a excepción de Château Haut Brion que se encuentra en Graves, y los vinos crus son todos tintos; los blancos, de menor importancia en aquellos días, sólo fueron clasificados como primera y segunda cosecha. Dicha clasificación se basó en la reputación de las bodegas y en los precios de los vinos en aquellos tiempos, y ha permanecido casi inalterada desde entonces, ya que en 1973, Château Mouton Rothschild fue promovido de deuxième a premier cru. Posteriormente, se fueron clasificando las demás zonas en A.O.C., con base en diversos criterios que incluyen no sólo las condiciones geográficas, sino las climáticas y las geológicas. Hoy en día son 57, y aunque todas tienen lo suyo, las más famosas son: Médoc (tintos), Haut-Médoc (tintos), Margaux (tintos), Saint Julien (tintos), Pauillac (tintos), Graves (tintos y blancos secos), Sauternes (blancos dulces), Saint Émilion (tintos), Pomerol (tintos) y Fronsac (tintos). Existe una A.O.C. genérica llamada Bordeaux y otra más llamada Bordeaux Supérieur, que se aplica a vinos con mayor graduación alcohólica. Ambas pueden producirse en cualquier viñedo dentro de Burdeos, y son las que ostentan la mayoría de los vinos de la región. A los rosados que pertenecen a estas denominaciones se les llama Bordeaux Rosé; a los claretes, Bordeaux Clairet; y a los espumosos, Crémant de Bordeaux.
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