Al sur de España, a poco más de 300 kilómetros de Madrid, se localiza Jaén, una de las 8 provincias de Andalucía considerada, gracias a sus más de trescientas mil hectáreas de espacios naturales protegidos, como el mayor pulmón verde de España. Y en verdad que es verde… durante el trayecto de Madrid a Jaén se pueden observar a los costados de la carretera las laderas y colinas de su orografía, cubiertas por un manto aceitunado que con el viento cambia de tonos, revelando el famoso verde olivo que visten los más de sesenta millones de olivares que se encuentran repartidos en las comarcas de la provincia.
Un acercamiento
La primer parada fue en Baeza, una ciudad renacentista declarada hace pocos años por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Las callecitas empedradas se vuelven un suplicio para los autos, pero un deleite para el peatón curioso. Por supuesto la ciudad huele a una extraña mezcla de aceite de oliva y aceitunas gracias a las refinerías que se encuentran alrededor… aquellos efluvios, inevitablemente despiertan los sentidos a la oleaginosa experiencia que se avecina. El primer encuentro con el aceite de oliva no fue gastronómico como yo hubiera pensado, fue más bien de orden aséptico, ya que en el lugar donde me hospedé, Hotel Puerta de la Luna, por cierto muy bonito… el shampoo, el jabón y hasta la crema corporal estaban elaboradas a base de este ingrediente. Ese es uno de los detalles extraordinarios de la región, el olivo se explota no sólo para aceite y aceituna de mesa, sino para productos de belleza, velas y hasta utensilios de cocina elaborados con madera de olivo, que además son divinos. La historia del aceite en esta región, es mucho muy antigua… Fueron los romanos durante su imperio, quienes difundieron el cultivo del olivo, así como el aprovechamiento de su fruto para aceite y para conserva. La provincia de Jaén y con ella la ciudad de Baeza, entonces llamada Biatia, ya cultivaba vides y olivos con los que se mantenía el poder económico del Imperio. Posteriormente, con la llegada de los visigodos y más tarde de los musulmanes quienes llamaron a la ciudad Bayyasa, se continuó con la explotación de los olivares hasta la reconquista de Baeza en el año de 1227 por Fernando III, el Santo. En los años consecuentes, Baeza adquirió prosperidad económica gracias a el cultivo de cereales, vid y olivo, y así fue durante varios siglos hasta la recesión española en el siglo XVIII, época en la que una golpeada España tardó mucho en recuperarse. |