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  VIAJES
 
 

Languedoc-Rousillon

 
 

La influencia del Imperio Romano sigue latente en buena parte de Europa, y para ser testigos de ello e ir más a fondo, viajamos al Sur de Francia a la región de Languedoc-Rousillon a 3 diferentes ciudades donde encontramos desde coliseos y murallas, hasta delicadas piezas artísticas. Por supuesto, la parte enológica y gastronómica no podía faltar en esta odisea.

Texto y fotos :Fabiola de la Fuente
 

Hace unos meses un gran amigo que goza de cultura y memoria envidiables, -y que además es experto en vino-, me estaba platicando de la gran influencia que tiene aún hoy en día el Imperio Romano en los países que llegaron a conquistar. Esto despertó mi curiosidad y me llevó profundizar más en el tema. Investigando me encontré con una región del Sur de Francia que colinda con el mar Mediterráneo, la cual al parecer, aún mantenía vestigios latentes de esta implacable influencia romana. Languedoc-Roussillon, un lugar colmado de historia, cultura, castillos, monumentos, abadías y secretos, parecía el sitio perfecto para iniciar esta andanza en búsqueda de vestigios romanos fuera de Italia. La experiencia inició desde que tomé un avión de Air France a París… En el menú, foie gras, una delicadeza que fue gestada por los egipcios, pero que fue sofisticada y difundida en Europa por los romanos según datos de Plinio el viejo, quien nombra al gastrónomo Marco Gabio Apicio como el creador del iecur ficatum (iecur significa ‘higado’ y ficatum viene de ficus, higo) un plato que consistía en el hígado de un ganso alimentado con higos secos. No pudo faltar tampoco el vino, uno de los vestigios más vivos y más difundidos del Imperio, ya que si bien ellos lo retomaron de los griegos y estos a su vez de otras culturas, es bien sabido que los que lo regularon en su forma de plantación y los que lo dieron a conocer a los alrededores, gracias a que plantaban vides y olivos por las tierras que iban conquistando para sostener al Imperio, fueron los romanos. Por cierto, aunque no tan famosos, los vinos de Languedoc-Rousillon son muy variados y abundantes, ya que esta zona, es la que más vinos produce en toda Francia.


Nîmes
La Roma de Francia
El título no es exageración mía. Así le llaman los franceses a esta ciudad que además de ser famosa por los restos de edificaciones de la época romana que se conservan en magnífico estado, es conocida también un peculiar saludo: 3 besos en lugar de 2, esto, según los locales, para diferenciarse de La Provence. La ciudad fue fundada al paso de lo que fue la Via Domitia, un camino romano construido en 118 a.C. que iba desde Italia hasta España; de sus tierras, surgieron parcelas que fueron otorgadas como reconocimiento a aquellos soldados que cumplían 15 años de servicios al lado de Julio César durante sus campañas del Nilo.
Lo primero que vi en pleno centro al visitar la ciudad, fue la Maison Carrée o Casa Cuadrada, uno de esos magníficos templos que gracias a la magia de una extraordinaria restauración logra plasmar a la perfección la presencia del Imperio en esa pequeña ciudad francesa. Perderse en las calles de Nîmes es una delicia, la distribución de la ciudad ya no es netamente romana (en cuadrantes) sino que a lo largo de los siglos se fue transformando y fue incorporando plazas y callejuelas que con el tiempo han ido perdiendo simetría. En el empedrado y en algunas paredes se puede ver un sello que pulula por la ciudad.
Es un escudo que tiene un cocodrilo atado a una palma que simboliza la victoria de Roma sobre Egipto con una inscripción que dice: COLNEM, una abreviación de Colonia Nemasus. Por cierto, el símbolo fue rediseñado en 1986 por Philippe Starck. Los romanos temían hasta de su propia sombra, por ello, el emperador Augusto, mandó construir una muralla de 6 kilómetros (S. I a.C) de la cual queda únicamente la Puerta de Augusto, la Puerta de Francia, y la Torre Magna, desde la cual se ven los caminos sembrados con acacias, uno de los árboles favoritos en la antigua Roma, así como el acueducto, ahora llamado Pont Du Gard, también legado romano, donde los sábados hacen un mercado bio (orgánico) con productos locales. Este acueducto, desembocaba en el Castellum Divisorium, el reservorio romano mejor conservado del mundo, que hoy en día se puede visitar.