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  VIAJES
 
 

Sofia y Skopje

 
 

Macedonia parece haber quedado perdida entre la multitud de países europeos. Por su parte, Bulgaria se encuentra en el cruce de caminos entre el Oeste y el Oriente. Recorrida con una variedad de propuestas a la vuelta de varias esquinas.

por Sofía Kliche
fotos de S. Kliche, G. Hernández, M. Luque
 

Se puede caminar tranquilo por las calles de Skopje y de Sofía. Son ciudades diferentes, pero con un aire en común. Son países limítrofes y la historia es un punto caliente en la relación de ambos, cuestión que hasta hoy las sigue enfrentando.

El territorio de la actual Macedonia sufrió una sucesión de conflictos y ocupaciones, hasta que se independizó, en 1991, de lo que fue Yugoslavia. Bulgaria supo ser una potencia europea en años medievales y resalta su complejidad cultural e histórica –al igual que en Macedonia– por haber formado parte del Imperio Bizantino, primero, y Otomano, después. Bulgaria tiene también un pasado reciente ligado a la antigua Unión Soviética, y ahora al ingreso en la Unión Europea. Sofía, su capital, cuenta con menos de un millón y medio de habitantes, y Skopje, capital de Macedonia, con poco más de quinientos mil.

Vibrante Sofía

El calor agobia durante el verano en la ciudad, mezclándose un poco con el polvo de las calles. Pero esto no desanima. Sofía es amplia, con largos bulevares y enormes construcciones –religiosas, universitarias, museos– que corresponden a diferentes épocas, ya que es una de las capitales más antiguas de Europa. Sus calles, pese a bombardeos y destrucciones, son un viaje a través de más de siete mil años de historia. Iglesias, sinagogas, catedrales, mezquitas, edificaciones romanas y hasta arquitectos rusos han dado forma a la ciudad en reiteradas ocasiones –sobre todo cuando Bulgaria formó parte del bloque comunista–, y hacen de la ciudad un mundo de diversidad y formas.

Los circuitos para quienes elijan recorrerla caminando –la mejor opción– están bien marcados en los mapas que cualquier turista puede conseguir. En las calles, avenidas y parques que atraviesan Sofía, se puede apreciar el espíritu búlgaro. Tomarse el tiempo de recorrer el gran bulevar Vitosha, lleno de vida con sus tiendas, restaurantes y cafés en cada cuadra. O caminar por The City Garden, un amplio y cuidado parque en donde, curiosamente, decenas de viejitos juegan al ajedrez durante horas en mesas dispuestas por todo el lugar. Allí sentados, rodeados por Sofía City Art Gallery y el teatro nacional Ivan Vazov, dejan pasar el tiempo, mientras algunos niños juegan alrededor y otros búlgaros salen a caminar. A pocos minutos a pie de ahí, tomando el bulevar Tzar Osvoboditel, y pasando por la Galería Nacional de Arte y la Iglesia Rusa, se llega al gran Alexander Nevski, Catedral visitada por miles de turistas año tras año.

Hay, al menos, dos Sofía. Una, la de los grandes monumentos y sitios históricos, la de los restaurantes de primer nivel –y a buen precio– e importantes hoteles. Pero las zonas no están delimitadas con exactitud, y basta recorrer un poco para salir enseguida de estas áreas, para mezclarse con los ciudadanos amables que intentan hacerse entender en inglés, que trabajan en los mercados, que caminan por calles menos cuidadas y más destruidas que las otras.

Los mercados son vitales, y Lady’s Market en Sofía no es una excepción. Comenzando en el bulevar Stefan Stambolov, esta feria interminable ofrece todo aquello que se pueda vender, usar y comer. Lady’s Market ocupa varias calles, y es uno de esos lugares ideales para conocer un poco la capital, para mirar y recorrer cada puesto de vasijas, ropa, zapatos y, sobre todo, para conocer el universo gastronómico en esta región de los Balcanes. Frutos de estación, semillas de mil tamaños, aceitunas y colores, verduras y mermeladas, la cocina búlgara se mezcla bastante con la cocina griega, eslava y turca. Otros mercados van apareciendo a medida que caminamos la ciudad; libros, especias, jugos de frutas, helados, una diversión para los sentidos.