Montreal, la ciudad más grande de la provincia de Québec, y la segunda francoparlante más poblada del mundo, se encuentra localizada en una isla que lleva el mismo nombre, entre el río San Lorenzo y la Rivère des Prairies. Fue considerada hasta finales de los años sesenta, como la capital financiera e industrial de Canadá, hasta que en los setenta, la anglófona Toronto, les quitó tal estafeta, cuestión que aún a la fecha ha provocado que las ciudades no sean las mejores amigas... Hoy en día, Montreal sigue siendo una ciudad muy cosmopolita, ya que la población cuyo idioma natal no es ni el inglés ni el francés, va en aumento, se dice que más del 30% lo que se resume, no sólo en una gran diversidad cultural, sino en una inmensa variedad gastronómica que se encuentra en cada esquina. Por ello, este artículo no pretende revelar datos generales del destino, sino más bien explotar dicha riqueza culinaria, dándole al lector una breve guía de productos y rincones gourmet que no se puede perder.
Buenos hábitos
Uno de los detalles culinarios más importantes a considerar en Montreal, es que el consumo de productos locales es de vital importancia para sus habitantes, ya que hay una gran conciencia con respecto a apoyar al campo de la región y a sus productores, y así lograr una economía más sana y sustentable. Los productos locales más populares son el vino, la cerveza, la sidra, por supuesto el jarabe de maple, el pato, los quesos, algunas carnes de casa como el bisonte y el venado, y por supuesto una gran variedad de hortalizas del lugar. Definitivamente uno de los mejores lugares para comprar productos de esta índole es Le Marche de Saveurs, un supermercado que cuenta con una selección de más de 7,000 productos locales artesanales elaborados por alrededor de 400 productores y transformadores de producto. Además cuenta con una sección de libros especializados, y artículos para la cocina. Esta es una estupenda opción si no se quiere comer en un restaurante, ya que venden comida preparada, así como quesos y embutidos, que sobre todo en primavera resultan ideales para degustarse en alguno de los parques cercanos, o bien, en la intimidad de la habitación del hotel con una buena copa de vino.
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