Hace varios años ya, la cerveza se ha posicionado en el gusto del paladar de los mexicanos, el simple y mero capricho de tomarse una en un día caluroso no se le puede recriminar a nadie. ¿A quién no se le antoja una cerveza en un día de calor? Aun y cuando ésta se puede llegar a maridar con algunos platos, la sensación más placentera que existe es beberse este dorado líquido, por el simple hecho de aliviar la sensación de que la temperatura del cuerpo se eleva en un verano caluroso.
En México tenemos una gran historia de elaboración de cervezas de reconocimiento y competencia mundial. Por ello nos sentimos orgullosos cuando en algún lugar del mundo identificamos una de nuestras cervezas y les enseñamos a los locales alguna combinación interesante con ella como la simple michelada, en verdad quedan enamorados no sólo del producto sino de nuestro concepto.
Históricamente la cerveza se remonta más allá de las mil y una noches. El dato más antiguo del que se tiene noticia viene desde los sumerios, que plasmaron sobre unas tablas de arcilla una formulación casera de cerveza, hace unos 4000 años aproximadamente, la llamaban Siraku.Con estos conocimientos los egipcios elaboran sus cervezas, con la aportación de la adición de malta, lo que hace que esta bebida tenga más sabor y color.
Estos conocimientos pasan a la cuenca mediterránea, extendiéndose así a Europa. Posteriormente, en los siglos XV y XVI comienzan a funcionar las grandes factorías cerveceras, todas ellas bajo los conocimientos de los monjes dedicados al perfeccionamiento de la elaboración de este fermentado, y con esto nace una de las primeras normativas sobre el espumoso líquido ambarino, basado en la composición de elementos exclusivos como la malta de cebada, el lúpulo, agua y las levaduras para su elaboración. Pero sin duda, la época más importante de la cerveza fue con el descubrimiento de la máquina de vapor en la revolución industrial del siglo XVIII y su proceso de elaboración en frío, así como los posteriores descubrimientos de las levaduras por el padre de la enología Luis Pasteur.
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Pero dejémonos de historias y veamos cómo podemos degustar la cerveza. Para ello se debe tener en cuenta que mientras la temperatura sea más alta de los 10 grados centígrados, la espuma pierde consistencia, y si es más baja de 7, no desarrolla la espuma necesaria para tener una buena apreciación del líquido. Asimismo los recipientes, tarros y vasos no deben de estar congelados, pues en muchos casos pueden dificultar la formación de espuma. Debe de ser de cristal preferentemente y de fino espesor para poder apreciar la entrada del líquido y su posterior análisis en boca.
Una de las características de diferenciación de este producto es la formación de espuma y su larga duración sin que las burbujas se rompan y escape el gas carbónico de ellas. Esto se debe a que las levaduras con las que se fermenta, producen y son precursoras de elementos tensoactivos que ayudan a que la densidad del producto sea mayor, provocando con esto la flexibilidad de las burbujas para que no se rompan, efecto que podemos observar en los jabones.
Terminando con la parafernalia, qué tal si nos tomamos una “chela” como en México conocemos a la cerveza, con limón en un vaso escarchado (michelada), o como acompañante de un buen tequila, o bien como muchos se la toman en Europa, con una cáscara de limón dentro de la botella. Como verán hay muchos pretextos para poder tomarse una cerveza. Lo único que hay que hacer es disfrutarla y aprenderse algún modismo de la tierra, “pásame una chela bien Elodia o muy elástica”, “acércame la muerta” (por lo fría que debe estar), “nos echamos unos pistos”, o simplemente “una cheve, por favor”.
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