El gran mosaico climatológico de tierras y elaboraciones que nos ofrece España, desde sus vinos blancos chacolís de la zona vasca en el norte hasta los grandes vinos de Jerez de largo envejecimiento elaborados en el sur, pasando por espectaculares blancos, rosados y tintos de gran expresión, lo hacen uno de los más completos de todo el mundo. Ahondando un poco en la historia podemos ver que los primeros vestigios que se tienen en la península datan de los siglos VI y V a.C., con dos vías importantes de entrada como la zona catalana y la zona andaluza, antiguamente conocida como Bética. Después, durante la época de los romanos, se cultivaron grandes extensiones de vid, todas ellas bajo la tutela romana, maestros de los ibéricos en el arte de la viticultura. Dicho desarrollo fue frenado por la conquista árabe, aunque por suerte sobrevino una nueva replantación de vides en la cual los monasterios tuvieron una influencia importante. Tanto así que muchas regiones de vino nacieron a causa de los grandes viajes que hacían los devotos de distintos santos de la antigüedad. Esta es la historia que ha forjado los vinos españoles. Y hoy día su clasificación está regulada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación-Ganadería, con la cual se pretende que el desarrollo y carácter de los vinos sea paulatino hasta lograr los más altos estándares de calidad y originalidad. Una de leyendas más conocidas es la “Denominación de Origen”, la cual, como su nombre lo indica, intenta señalar la peculiaridad de una zona por su originalidad en clima, terruño, varietales y elaboraciones. Cuando las cotas de calidad se mantienen durante determinado tiempo, dichas denominaciones obtienen un grado superior llamado “Denominación de Origen Calificada”, la cual, en España, sólo ostentan dos zonas: Rioja y Priorato. Debajo de éstos existen vinos cuyo paraje los dota de peculiaridades especiales, notorias y bien expresadas, razón por la que se les otorga la leyenda “Vinos de Calidad con Indicación Geográfica”, en la cual ostentarán el calificativo de la zona. Enseguida encontramos los “Vinos de mesa”, si bien frecuentemente las bodegas hacen excelentes elaboraciones que pueden compararse con las denominaciones de origen.
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Inmediatamente después vienen los “Vinos de la Tierra”, que expresan organolépticamente las características de algunas zonas, pero no cuentan con legislación tan importante como la D.O. Una mención aparte merece la leyenda “Vinos de Pago”, que clasifica los terruños especiales de pequeñas elaboraciones, pero con características rara vez halladas en las producciones mayores. Finalmente, comentaremos algunas de las elaboraciones, comenzando por el norte y los famosos chacolís (txakolin en euskera), que son vinos jóvenes, con residuo carbónico, elaborados con uvas autóctonas de la región vasca. De ahí pasamos a los grandes vinos blancos de D.O. Rias Baixas, con sus excepcionales albariños, sin dejar atrás a los buenos blancos de D.O. Rueda de uva Verdejo, excepcionales con mariscos. Siguiendo la corpulencia de los vinos nos vamos a los rosados de D.O. Navarra y de ahí pasamos a los tintos, como los jóvenes y frescos de las regiones sureñas de Yecla, Valencia, Mancha e inclusive de Ribera del Guadiana, por nombrar algunos con notas de frutos rojos. Después pasamos a los clásicos D.O. Rioja con parte de bodegas que siguen conceptos modernos de vino y los D.O. Ribera del Duero que dieron un giro a la elaboraciones en España por sus vinos impetuosos y con gran carga de fruta. Para cerrar, nada mejor que los nuevos D.O. Bierzo y D.O. Toro con sus características de terruño y varietales autóctonos. La costa catalana nos ofrece un mosaico interesante de nuevos vinos con expresiones diferentes de terruño, con mineralidades marcadas y equilibrio perfecto, pasando por zonas de modernidad absoluta en sus equipos y elaboraciones como Somontano. Para cerrar este precioso paraje de vinos, apreciaremos los grandes vinos de Jerez, que por sus levaduras inigualables, su “proceso jerezano” de elaboración, sus uvas autóctonas y su envejecimiento en barrica, nos ofrece Finos, Manzanillas y Amontillados ideales como aperitivo. Sin olvidar los Olorosos y los famosos PX, extraordinarios como vinos de postre. Si después de este recorrido por España no se les antoja algo, tendrán que cambiarse del mundo de los vinos y la comida a otro que ofrezca algo más, aunque que dudo que lo haya. Para muestra bastarán, por lo pronto, unos cuantos vinos... |
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