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  GUIA DE VINOS
 
 
El vino y el mar
 
 
 
Por Jesús Diez
 

Cuando hablamos de productos del mar, no podemos dejar de lado a los vinos para lograr una buena sinergia plato-bebida, es decir, lo que popularmente se conoce como maridaje.

En efecto, existen vinos ideales para saborear las preparaciones que hacen los chefs –o cocineros– con los productos del mar, únicamente debemos de tener en cuenta algunos parámetros para lograr elegir los vinos perfectos para estos platillos. Veamos qué podemos maridar con la gran variedad de productos que nos proporcionan los océanos.

Es importante tomar en cuenta que al degustar vinos hay que comenzar por los más sutiles, dentro de estos tenemos a los vinos espumosos y a los blancos ácidos sin barrica, que nos servirán para abrir el apetito y entrar en el mismo canal que los productos del mar –que en algunas ocasiones se suelen comer como primer tiempo–. Los dos (plato y vino) suelen tener buena acidez, temperatura fresca, y pueden potencializar los aromas minerales de la sal. No se debe olvidar que los maridajes se pueden hacer primeramente por medio de la sinergia de los aromas y gustos, ésta es una manera sencilla de cuadrar los platos con los vinos, ya que la otra manera, que es por contraste, puede parecer un poco más complicada, aunque no lo es. Algunos de los alimentos que encontramos con las características antes mencionadas son los ceviches, el abulón, los cocteles, los carpaccios, las ensaladas verdes con tropiezos de camarón, pulpo, o abulón, e incluso con erizo, platillos perfectos para vinos blancos sin barrica por sus aromas cítricos, flores y acidez elevada.

Pasemos a los platos de mayor potencia, es decir, aquellos que se preparan mediante cocción (ya sea al horno o a la parrilla); para estos propósitos es recomendable elegir pescados que sean de mayor profundidad o de aguas frías ya que poseen más grasa en el cuerpo que otros; ésta característica hace que en el momento de la cocción la pieza tenga una textura más untuosa y el platillo maride con vinos de mayor potencia, ganada por su tiempo de barrica (los vinos que envejecen en roble tienen cierta carga tánica de la barrica y mayor complejidad aromática hacia los tostados y hacia los lácteos como la mantequilla), cualidad que los hace ideales para éste tipo de platos.

 
 

Podemos encontrar productos del mar preparados con salsas tan diferentes como, por ejemplo, una crema a base de cacahuates o una salsa de almendras, estos maridarán muy bien con vinos fermentados en barrica, ya que los aromas que el vino adquiere con este procedimiento es de frutos secos. Algunos otros platos que van bien con estos vinos son los atunes o salmones a la plancha, robalo en salsa de ciruelas, huachinango con pimientos y cebolla, almejas gratinadas o a la rockefeller.

Para terminar iremos a los vinos más potentes que son los tintos, empezando por la gama de los sutiles y armónicos –como pueden ser las uvas, Merlot, Gamay, y Pinot Noir–, que nos ofrecen caldos con buena acidez, poco tanino y gran carga aromática, perfectos para maridarlos con platos como pasta a la marinera, un pescado a la sal, salmón o atún con una nube de pimienta.

Hay que tener en mente que el propósito de los vinos es armonizar con los platos que mejor hacen sinergia con ellos, por lo que es preciso olvidar el precepto que dice que los vinos blancos son para gente que empieza dentro del mundo de la enología, o para gente que desconoce del tema, e incluso para los que no les gustan los tintos. Los vinos blancos van perfectos con una langosta a la mantequilla, por ejemplo; y aunque habrá quien prefiera los tintos potentes, vale la pena intentar maridaje, se sorprenderá gratamente al percibir que en verdad, algunos platos de mar se acompañan mejor con la sutileza de los vinos blancos, haga la prueba y ¡felices sinergias!