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  REPORTAJE
 
 
Las cuentas claras
y el chocolate espeso…
 
 
 
 

“Desde que llegó a este poblado, agrega Ana, quedó prendado de la vegetación del trópico tabasqueño y por eso decidió comprar la hacienda. Él y mi abuela conservaron muchos árboles y dejaron sin tocar 3 hectáreas de selva original (conservadas hasta la fecha por mi mamá) y sembraron otro tanto de árboles, incluyendo la plantación de cacao”.

“Comenzaron con la fabricación de chocolates desde 1958 (porque la fábrica tiene más de 50 años), aunque siguió ejerciendo medicina en forma altruista. También fue constructor de muchos de los edificios importantes del pueblo durante los años 50: el Mercado Público, el Parque Central, el colegio Motolinía, el edificio de la Cooperativa de Cacaoteros Número 1 (edificio histórico), el DIF Municipal, entre otros”, se enorgullece.

Hoy en día han surgido a través de los años muchas polémicas sobre la zona exacta de la cual es oriunda la planta de cacao, aunque no cabe duda de que ésta es una planta autóctona del Nuevo Mundo. La tesis que mayor fuerza ha cobrado es la que indica una vasta región amazónica, incluida la Orinoquia, como la zona donde hace aproximadamente 4.000 años surgió el primer espécimen de la planta que hoy conocemos como Theobroma. Otros sostienen que esta planta es originaria de Mesoamérica e incluso hay quien asegura que la zona que dio origen a esta planta se encuentra entre la parte sur del Lago de Maracaibo y el río Magdalena.

 

 

De las hipótesis citadas anteriormente, la que mayor apoyo de tipo paleobotánico y fitogenético tiene es la nombrada en primer lugar, la cual de igual manera explica que la amplia difusión del cacao por el resto del continente fue llevada a cabo por el ser humano, los animales y ciertos factores meteorológicos, como los vientos del sur. “Aquí en la hacienda tenemos sembrados cacaos de varios tipos: criollos clonal, rojo y lagarto; trinitarios y de los forasteros: Ceilán y Guayaquil, contamos con 50 hectáreas totales, pero sólo 26 están plantadas con cacao, 3 son de selva virgen y el resto son pastura, casa y jardines.


Nuestra producción anual ha bajado mucho por la enfermedad de la moniliasis, pero generamos alrededor de 9 toneladas anuales, aunque la fábrica necesita 16 anuales por lo que compramos el resto a productores locales”, explica Ana.
Así seguimos caminando mientras éramos curiosamente observados y seguidos por unas escurridizas ardillas, que paradójicamente aunque son lindas, son plaga, ya que son ajenas a este tipo de ecosistemas. Resulta ser que en la plaza de armas de la ciudad tenían un grave problema con parvadas de zanates de la región, (pájaros de plumaje negro muy parecidos a un cuervo, pero de talla mucho más pequeña), que empollaban en las copas de los árboles de la plaza. Así, al alcalde en turno se le ocurrió la brillante idea de meter ardillas que acabarían con los nidos de los plumíferos, la cual no funcionó. Posteriormente se tiraron los árboles, y al no haber ya guarida, estos roedores de cola esponjada se mudaron a escasas cuadras, a la Hacienda de la Luz, en donde hoy constituyen la plaga más terrible, ya que estos animalitos roen las mazorcas de cacao dejándolas completamente inservibles y sin ningún provecho.