Atole o kamata como es su nombre purépecha, cuya base suele ser de masa de maíz, es una bebida-alimento tan versátil que hasta tiene una feria en su honor que se lleva a cabo en octubre. Ya sea salada o dulce, su receta puede albergar hierbas como el epazote, especias como la canela, frutos como el aguacate, la zarzamora o el tamarindo y hasta el chile. Los más solicitados son el atole blanco, que es uno de los más sencillos, ya que sólo lleva harina de maíz y piloncillo y que muchas madres utilizan en época de lactancia; el de chaqueta, que se hace con cáscara de cacao o el de zarzamora silvestre, llamado de zarza, que es realmente delicioso.
La delicadeza y gusto con la que estas mujeres preparan sus guisos nos confirma, una vez más, que la cocina no sólo es técnica e ingredientes: es paciencia, amor, gusto por llevar a cabo la importante tarea de alimentar y de complacer. Lo importante, también, es continuar con este legado, ya sea visitando estas comunidades para degustar los platillos, preparándolos en casa, o como en mi caso, comunicándolo para que otros conozcan los tesoros culinarios con que contamos en nuestro país. |