Cada cual tiene su secreto
En cuanto a su elaboración, se anticipa que es un arte exacto de cuidadas operaciones a lo largo de distintas fases y sitios. Si existiera un procedimiento único e ideal para producir cerveza todos utilizarían las mismas técnicas. Por ello, las cervezas son tan variadas como los paisajes o la gastronomía.
Ante tal diversidad, existen diferentes criterios de clasificación de la cerveza como el nivel de grado alcohólico, el color, la variedad del grano utilizado para la constitución de la malta, su elaboración industrial o artesanal, entre otros.
Así las cosas, esta pócima estimulante se confecciona desde diferentes trincheras: talleres más pequeños que únicamente suministran a un bar o restaurante, llamada brewpub; en microcervecerías que extienden sus ventas a distintos locales; por contrato, figura a través de la cual el empresario reúne dinero para contratar a un asesor para producir una cerveza en la fábrica de otro; las que no son grandes ni pequeñas, tasando su producción en cientos de miles de hectolitros de bebida embriagante; y, por último, las que inundan a sus naciones con millones de hectolitros refrescantes de cerveza de estilo internacional haciendo a un lado las especialidades.
En un clavado a los sabores y colores, todos los estilos clásicos de la cerveza son propios de la zona norte de Europa Central y Occidental: pilsen (rubia y transparente) de Bohemia, y lagers (de fermentación baja) de Viena, Austria, una gran variedad de Alemania y Bélgica, nutridas muestras de ales (de fermentación alta) de Gran Bretaña, y las stouts secas (las famosas Guinnes y Murphy’s) de Irlanda.
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