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  REPORTAJE
 
 
Las cuentas claras
y el chocolate espeso…
 
 
 
 

En nuestro camino no sólo íbamos descubriendo más y más cacaoteros, sino otro tipo de árboles necesarios para el ecosistema y para mantener los nutrientes de la tierra del cacao; jícaras, castaños, matas de momo, chaya, plátano, árboles de hule, un árbol de pimienta gorda, y un árbol de canela, que no pudo librarse de un par de mordidas de los que ahí estábamos presentes, para corroborar el muy familiar sabor de la corteza.

Al final del recorrido por la selva, llegamos a un pequeño pero interesante museo, establecido desde noviembre de 2003, el cual se ostenta como el primero en el continente americano dedicado al tema del cacao. Al abrir la puerta el olor no podía esconder lo que ahí se guardaba, un aroma a tostado combinado con fermento dulce, que deleitó hasta al más estoico. Dentro del museo, pudimos ver maquinaria y equipo muy antiguo que se utilizaba en el proceso de elaboración de chocolate como, por ejemplo, un Toya de caoba hecha de una sola pieza de mas de 15 metros de largo y 2 de ancho, en la cual se ponen a fermentar los granos de cacao para luego ser lavados y posteriormente ser secados bajo el rayo de sol.

El Dr.Wolter dejó huella en el museo, donde se muestra parte de su equipo científico, que incluye tubos con pócimas, colorantes y saborizantes de mas de 60 años de antigüedad. Ahí mismo se encuentra la planta de producción del chocolate, en donde se elabora chocolate en polvo, chocolate de metate y avena con cacao, entre otros productos.

Aunque Hacienda de la Luz es una empresa próspera, no se ha librado de los diferentes problemas que enfrenta la industria cacaotera del país. Ana explica que los cacaoteros deben enfocarse a replantar sus haciendas con cacaos criollos, básicamente a hacer un rescate del cacao original almendra blanca, no sólo por los altos precios de este tipo en el mercado internacional, sino por una mera conciencia de sus raíces y el enorme valor histórico, cultural, económico y ecológico que tienen las plantaciones de cacao para Tabasco, que produce el 70% del cacao nacional, y para México en general. “Por otro lado, debe haber también un esfuerzo para buscar el reconocimiento de que el cacao y el chocolate tienen su origen, por lo menos histórico y cultural en México, empezando por buscar una denominación de origen del cacao criollo, para apropiarnos de nuestras raíces y así poder decírselo al mundo con todo orgullo”, argumenta. “El cacao no se puede acabar por lo que el chocolate es a nivel mundial, pero si México no se pone las pilas (llámese Tabasco y Chiapas, como únicos productores) podemos perder en poco tiempo nuestras plantaciones y con ello un parte primordial de nuestras tradiciones, ya que cada año producimos menos, y África (Costa de Marfil, Ghana, Nigeria y Camerún) reafirman más su supremacía en el cultivo de este grano”, agrega.

 


Al salir de ahí, un poco o más bien muy preocupados y con ganas de trabajar cada quien desde su trinchera, pasamos a uno de los corredores de la hacienda en donde corría un intenso y refrescante viento que anunciaba una tromba de proporciones bíblicas, en la que como decimos en Tabasco, ¡hasta pejelagartos van a caer del cielo!

Efectivamente la lluvia no se hizo esperar y como si fuera un llamado a la diversión multitudinaria, los niños presentes se fueron a correr descalzos por el pasto a disfrutar de un refrescante baño entre risas y chacoteo.

El llamado a comer nos sacó de nuestro hipnótico letargo provocado por el agua y el verde, y al llegar a la terraza techada, la mamá de Anita, la Sra. Gloria Wolter Peralta Vda. De Parizot, nos tenía ya puesta la mesa y en ella una comida muy tradicional: estofado de gallina acompañado de arroz con menudencias, tamales de chipilín y de masa colada, y lo infaltable en la mesa tabasqueña: un frijol con carne salada simplemente maravilloso. Todo ello maridado con pozol y avena con cacao, para finalizar con dulces de naranja agria. Ahí entre la sobremesa y la tertulia, doña Gloria Peralta Pulido, quien a sus 102 años tiene unos ánimos y una memoria impecable, nos deleitó con historias y leyendas de Comalcalco y de la hacienda, dignas de una novela de García Márquez.

Una vez terminada la comilona, sólo faltó guindar las hamacas y descansar… pero eso sería luego, porque Josera y yo teníamos que regresar a Villahermosa a seguir con el festival del cacao y chocolate que se tenía en el LO, y así poner nuestro granito de arena, para continuar desde la cocina con la historia del cacao mexicano.