Salimos de Villahermosa en dirección a la Hacienda Cacaotera La Luz para ver las plantaciones de cacao de la zona. Tomamos la carretera 180 hasta la ciudad de Cárdenas, de allí, seguimos por la 187 hacia el norte hasta Comalcalco, donde a tan sólo unas cuadras del zócalo, está situada “una hacienda cacaotera en medio de la ciudad’’.
Al entrar a los terrenos de la hacienda pareciera que uno retrocede 100 años en la historia en un abrir y cerrar de ojos; un jardín enorme refulge con los tonos rojos de los bastones de emperador, los amarillos de las aves del paraíso y el verde muy tabasqueño del montazal. Ahí fuimos recibidos por Ana Parizot Wolter, nieta del doctor Wolter -quien llegó a Tabasco de Alemania a principios del siglo pasado-, y su esposo Alejandro Campos, quienes nos condujeron a la tienda de la hacienda, en donde lo primero que nos invi- Un viaje por la espesura de los cacaotales de la selva tabasqueña, en compañía de los chefs Aquiles Chavez y José Ramón Castillo, dos verdaderos conocedores y amantes del cacao nacional. por Aquiles Chavez Las cuentas claras y el chocolate espeso… 25 taron fue un buen vasote de “chocomil”, obviamente con chocolate en polvo Choco Walter que ellos producen.
Ahí Ana nos platicó de los productos que tienen a la venta: chocolates de mesa dulce y amargo, polvos de chocolate, avenas con cacao, avenas con canela, golosinas de varios tipos: macizos, trufas de coco, nuez, café, naranja, almendras y ron, chocolates con cacao orgánico en trozos (que exportan a Alemania desde hace año y medio) y pasta de cacao, todo hecho de una forma muy artesanal y sin conservadores. Una vez terminado el licuado, salimos rumbo a la plantación de cacao, que se encuentra justo atrás de la tienda, ahí empezó el recorrido por los plantíos, no sin antes colocarnos todo el repelente antimosquitos que nos fue posible.
Una vez internados en los cacaotales, Anita nos relató su historia de cacao Hacienda La Luz, que se llama así desde los años 20. “Mi abuelo la compró en 1930 con ese nombre a don Ramón Torres, aunque la construcción data de 1890, y tardó 6 años en restaurarla, conservando la arquitectura original”, explica Ana. Cuenta que su abuelo, el Dr. Federico Alberto Otto Wolter Hayer, llegó a México recién egresado de la carrera de Medicina en 1920, con su profesor y mentor el Dr. Mathesius, a estudiar las enfermedades tropicales y para ello estuvieron trabajando en una hacienda hulera en Chiapas, llamada Las Palmas, propiedad de la Firestone Plantation Company. Al cabo de un par de años decidió mudarse a Villahermosa, lugar donde conoció a la Sra. Gloria Peralta Pulido, oriunda de Comalcalco, de la que se enamoró y se casó para luego irse a vivir a Comalcalco. |